El hechizo
Desde aquel sábado a la mañana en que Julia se decidió por no darle más ni un pedacito de su tiempo y energía a Manuel, ella supo que eso sería una misión imposible. Podría, quizás, anestesiar el dolor, ponerle curitas a una herida vieja pero limpia: sencillo fue, lo vio por primera vez a los diecisiete años y quedó perdidamente atraída hacia él. "Quizás le ponga curitas" suspiró por un momento "pero en cuanto tenga que quitar esa curita apestosa por otra, comenzaré a sangrar". Y con ese llanto ahogado de niña herida, con la vergüenza y rabia de una mujer floreciendo, y esas ideas místicas que la acompañaban desde que había leído el Maravilloso Mundo de las Brujas, Julia decidió echarle un hechizo a Manuel, que estaba en Madrid, brindando 5 horas más adelantado, con sus compañeros de trabajo en el happy hour de Halloween. Tomó todos los regalos que le había hecho, todo registro de Manuel en su vida: los cuadernos de francés y las notitas que le escribía él a ella e...