Alelí Manrique
Estaba en casa limpiando la estantería de los libros,
mi lugar favorito.
Estaba en medio de una limpieza profunda.
Sobre la sección de literatura latinoamericana,
la que más fue expandiéndose últimamente,
posé mis ojos sobre el pequeño lomo blanco con florcitas.
Alelí Manrique.
Meto mi dedo entre otros dos libros,
para sacar este,
casi como con un movimiento sexual.
El pequeño libro blanco de florcitas,
me llevo un dedo hasta la lengua,
y comienzo a hojear.
Nena de departamento,
con zapatos brit pop.
Planta de interior,
El alquiler es todo un maratón
Y entonces entiendo
y entonces me pregunto
¿Dónde estará Alelí?
Accesible, disponible
me contestó en seguida.
Quiso conocerme,
quizás los escritores tienen olfato para los escritores,
y ansían encontrarse
abrazarse con el pensamiento
mientras beben sorbos de café.
Viajé por horas hasta Palermo,
hasta aquel Acevedo nueve tres cero
entre plantas, cielos nublados
y máquinas de escribir,
ella me encontró.
Yo justo estaba poniéndome perfume,
cigarrillos en un cenicero.
Pasaron los primeros minutos
de risitas incómodas y órdenes de café.
Luego se esfumaron las horas
nos volvimos íntimas
confesando nuestra oscuridad.
como si nos conocieramos de antes
como abrazando nuestra perfecta imperfección.
Firmó mi libro,
o su libro
Mucho Fantasmo
"la obra se completa en el lector
dijo Barthes"
dijo ella
y este encuentro se transformó en canción.
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