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Mostrando las entradas de diciembre, 2025

La visita

 El cielo había pasado de azul marino a índigo, él temblaba y ella lo había notado. Quién sabe cuántas horas llevaban hablando en el banco de esa plaza que él no podía reconocer.  - ¿Tenés frío? - le dijo mientras ella se daba calor en los brazos desnudos. Había transpirado y ahora el sudor se le había secado. - Un poco, ¿vos no? - Sí, un poco también - y muy milimétricame deslizó sus caderas hacia él. - Mirá, ¡se está haciendo de día! - Guau, no me lo imaginaba. ¿Qué hora será allá, las nueve de la mañana? Debe ser de noche todavía. Acababa de empezar el verano, recién había sido Navidad, y Malena y Alejo estaban tomando un vino sin refrigerar como viejos amigos, solo que nunca antes habían hablado, ni tomado nada juntos. - Es tarde, y me estoy haciendo pis. - Sí y yo debería pedirme un taxi. Pasa que tengo conectado el Uber a Alemania. - Vení, vamos hasta casa y te lo pido allá. Pero primero tengo que ir al baño. Se levantaron con dificultad y caminaron por la renovada plaza...

Paseo La Plaza

Quería agarrar su voz y convertirla en un collar para tenerla susurrándole al oído todo el día, como un fantasma   pensó Agatha, como un mosquito en verano . Esos que le pegás un manotazo, se aleja y vuelve a molestarte. Solo que esta vez Juan no la molestaba. Al contrario, le daba calma, suspiraba calma,  la misma que le daba mirar su nombre en una notificación del celular. "Juaaaan..." esas letras sonaban armoniosas, como pan crocante recién salido del horno. Pan fresquito y calentito un sábado a la mañana, en la cama, mates. Mates en el departamento blanco y dorado de Agatha, en un piso ocho de Almagro, escuchando Bossa Nova, otra vez. ¿Qué había en Juan que le hacía tanto feliz a Agatha? Ella no necesitaba más calma, pues semejante escena ya lo comprobaba. Quizás la calma de Juan complementaba la escena, el paisaje que ella había pintado. Quizás la piel de Juan era el color que faltaba en la pintura, ese tono oliva. Quizás su barba era la textura que necesitaba sentir ent...

El perfume

 Era casi imposible explicar un proceso tan efímero y complejo, tan nostálgico y mágico. Josefina estaba sentada en un banco de la plaza y pasaba lentamente frete a ella una pareja de ancianos paseando a su perrito. Instantáneamente Josefina estaba junto a su abuela, pintándole las uñas, escuchando la radio, tomando mates. No habían sido los abuelos los que la llevaron fugazmente a la cocina de la calle 23, de hecho Josefina ni había levantado la mirada de su revista de crucigramas. No fue el ladrido del mismo caniche toy que tenía su abuela, sino el perfume de la otra abuela. ¿Cómo es que los perfumes pueden llevarnos tan lejos, tanto, tanto tiempo atrás? A veces no era esta abuela la que recordaba, Susana, sino Nora, la mamá de su mamá, y el olor a humedad en la casa de madera y chapa, las galletitas de las mil tetitas y el matecocido, el perfume de las flores de enero suspendido en la humedad que se apolilla frente al río, y las polillas. O caminando por la calle de repente esta...

Luciérnagas

Era enero y frente al río Un campo llano y liso  Verano y los tábanos  Les mordían los talones. Es un rey quien mate al tábano  El rey del verano Pero no te metas con las luciérnagas Que ya preparó los frascos. No vayas lejos, no voy a ir a buscarte Una voz de mamá que se apagaba Cuando cerraba el portón. Cruza la calle de tierra Salta la zanja hasta el campo  El juego de pescar terminó por hoy Aquí las estrellas brillan de veras, Y es el turno de las luciérnagas Bichitos de luz. Quieta, expectante  Tiene puesto el repelente. Así no van a acercarse, Piensa triste pequeña Sofía,  En medio de la oscuridad Envolvente, y de repente, Ahí están.  En el aire danzando va una, De dos en dos, de a tres. El vasto y negro campo, Los grillos ríen entre los pastos mojados, y el seseo de un sauce llorón. Sonríe, Sofía ¿Es esto para toda la vida? ¿O algún día la felicidad será recordar  Que algún día fue distinta  Y que jugaba a cazar luciérnagas  Que y...

John Coltrane

Girando lenta y tranquilamente Tus palabras en mi mente  El vino choca en nuestras copas Y el disco de John Coltrane Como mirándonos desde afuera  Desde el balcón Me veo a mí frente a vos Hipnotizada en tu voz Lenta y tranquilamente, La cola de mi gato blanco Va de un lado a otro El lado B del disco de John Coltrane La luz en nivel 2, anaranjada  Mis onomatopeyas, arrastradas Por el Malbec, embriagadas  Mis ganas de poseerte a vos Las venas de tu brazo izquierdo Que sostienen la copa casi vacía  Mi costado izquierdo se ha entumecido Miro tu mano, te espío espiándome  ¿Puedo tentarte con más? Río  Un compás salta de dos en dos, Mi disco está rallado Mi disco de John Coltrane. Me levanto a cambiarlo Y siento tus ojos acechándome Como una pantera  Se relame lista para atacarme Tu aliento tibio en mi nuca  Mi piel de gallina, y tiemblo Tus dedos girando el dial Tu otra mano girando mi cintura Mis ojos que se cierran fuerte Mi centro latiendo al d...

Rojo y verde

Se asomó al balcón, como todas las noches, y se dejó apoyar en el hierro frío mientras cerraba los ojos. Escuchó el susurro y luego lo sintió: la piel se le erizó por debajo de la remera oversized de Mickey y sus pezones se entumecieron. El seseo de las hojas de los árboles y la brisa veraniega eran su visitante frecuente. Silencio, por fin, en la avenida. Se relamió los labios,  tenía que disfrutar de esos treinta segundos mágicos. Y luego, autos, autos, motos, micros: el semáforo ahora daba verde. Se sobresaltó, suspiró y dejó que el tráfico pase. Rojo otra vez. Así era la vida: rojo, verde calma, caos,  brisa, quietud: un constante ir y venir de momentos, de personas, de ideas de lugares, de emociones. Una canción que cambiaba de ritmo pero no terminaba, un baile infinito. Abrió los ojos cuando comenzó a llover: encima ahora la lluvia ¿Qué estaría haciendo Manuel en la ciudad donde no llueve? ¿Qué estaría haciendo Leandro en el desierto de Arizona? ¡Qué importaba! Era Julia...