La visita
El cielo había pasado de azul marino a índigo, él temblaba y ella lo había notado. Quién sabe cuántas horas llevaban hablando en el banco de esa plaza que él no podía reconocer. - ¿Tenés frío? - le dijo mientras ella se daba calor en los brazos desnudos. Había transpirado y ahora el sudor se le había secado. - Un poco, ¿vos no? - Sí, un poco también - y muy milimétricame deslizó sus caderas hacia él. - Mirá, ¡se está haciendo de día! - Guau, no me lo imaginaba. ¿Qué hora será allá, las nueve de la mañana? Debe ser de noche todavía. Acababa de empezar el verano, recién había sido Navidad, y Malena y Alejo estaban tomando un vino sin refrigerar como viejos amigos, solo que nunca antes habían hablado, ni tomado nada juntos. - Es tarde, y me estoy haciendo pis. - Sí y yo debería pedirme un taxi. Pasa que tengo conectado el Uber a Alemania. - Vení, vamos hasta casa y te lo pido allá. Pero primero tengo que ir al baño. Se levantaron con dificultad y caminaron por la renovada plaza...