31 primaveras, literal, primaveras.
Se acerca mi natalicio n° 31. The age of Virgo, bitches. Quien no haya pensado en que aprendió hasta el día de la fecha, que tire la primera piedra, y que no sea mi amigo o mi alumno. Sinceramente no puedo no pensar en fechas importantes sin hacer un recuento de todos los aprendizajes hasta entonces. Así como tengo decenas y decenas de cuadernos que escribí, a los que recurro para encontrar ideas, pensamientos, lecciones y evoluciones de mí misma, las fechas me sirven para ordenar, ver el crecimiento hasta entonces, encontrar patrones y descubrir oportunidades. Aquí algunas de las fechas que uso recurrentemente:
Como verán, está todo ordenadito. Podría enumerar los aprendizajes con los años, pero hoy le toca a mi cumpleaños número 31, que parece hasta ser más significante que el número 30. Quizás esto se deba a que el peso de los treinta hizo que tenga que consolidar lo aprendido y comprobar si realmente esto estaba asimilado. Lo está, pero como ya saben (o quizás no) el aprendizaje ocurre en espiral ascendente. Nada se ve una sola vez en la vida, pues así se olvida. Debemos rever por ciclos distintas enseñanzas y agregarles algo, lo que sea. Un nuevo contexto, un detalle, quitarle un detalle, profundizar, validar su eficacia y modificar lo que sea necesario. Aquí los aprendizajes de todos estos años, nada novedoso eh, simplemente con la profundidad que corresponde la puesta en uso de los mismos:
1. Las cosas realmente ocurren por algo. Hay una lección que aprender.
2. Tu pasado no de determina, solo te condiciona. No lo digo yo, nena de clase media, familia tipo. Lo dicen los que vienen de mucho más abajo que yo, los que admiro.
3. Cada problema que tengas, es un vínculo que hay que trabajar. ¿Es tu trabajo el problema? ¿Es el dinero o el merecimiento? ¿Son siempre los demás o es tu intolerancia? ¿Son tus parejas o son tus padres? ¿Son tus amigos o tus hermanos?
4. La paciencia es una virtud
5. La tolerancia es una virtud aún más grande. Distintos vínculos te van demostrarlo. Mi vínculo preferido para ejercitar la tolerancia es la familia, porque simplemente no podés cambiarla, entonces no queda otra alternativa más que aceptarla, así, sin vueltas, ni querer cambiarla. Y tolerarla.
6. No deberías jamás, jamás, jamás, dejar de aprender. Lo que sea, diferentes materias. Como si la vida fuera una escuela. No aprendas solo aquello en lo que sos bueno, sino también lo que no te gusta. Lo útil. Lo cotidiano, como cocinar o arreglar una pérdida de la canilla. O algo más abstracto, como la filosofía, la psicología, la sociología.
7. Tampoco deberías dejar de escribir. Y si aún no lo has hecho, te recomiendo que empieces cuanto antes.
8. Soñar en grande no es un problema. El problema es jugar chiquito y vivir una vida con sabor a poco.
9. Jamás te conformes con conformar a los demás. Es como vivir pretendiendo ante vos mismo. No le debés explicaciones a nadie.
10. Es necesario hablar, es importantísimo hacerlo, como salga e ir mejorando sobre la marcha.
11. No está mal pedir ayuda, incluso para las cosas más pequeñas que damos por sentado. Hablar es algo en lo que podemos pedir ayuda. "No sé cómo expresar mis necesidades" "Cómo ser vulnerable sin llorar" "Cómo dar feedback sin gritar" "No sé cómo hablar de mis inseguridades y mis traumas".
12. Nada en exceso es bueno. Pienso mucho, lo sé, pero siento mucho también. Y entre esos muchos estoy yo tranquila, sabiendo que le di espacio y tiempo a mi cabeza y mi corazón. El desequilibrio ocurre cuando me vuelvo demasiado metódica, o impulsiva. Voy planeando, pero sintiendo lo necesario, para darme respiros, para hacer ajustes conforme lo voy necesitando. Y así es como vengo haciendo hace dos años y es hoy en día cuando mejor me siento.
13. No es paciencia, simplemente que el tiempo va a demostrarte cómo son las cosas. Tanto vos con tus lecciones, como los demás con sus comportamientos.
14. Nada es para siempre. Las amistades que creías eternas, desaparecen, se corroen, algunas se rompen. Algunas se olvidan. Y nada de eso está mal, porque vos tampoco sos la misma persona. Las personas estamos para acompañarnos el tiempo que sea necesario, el tiempo que podamos. Evolucionamos. Caminamos caminos similares, acompañados, y a veces elegimos otros caminos. Cada uno traza su mapa, físico y espiritual. Celebremos coincidir. Soltemos con dignidad, humildad y cariño.
15. Cuidá tu mente. No solo es escribir, aprender y pensar mejor. Es elegir qué pensamientos ocupan tu tiempo, cómo modificarlos, cómo callarlos, cómo potenciarlos. Es mi cosa favorita. Trabajar en esto me permitió atenuar mi ansiedad. Estoy en mayor control y siempre sigo mejorando.
16. No creas que no vas a cambiar. Esto va de la mano con la paciencia. No te das cuenta, pero estás ahora mismo cambiando, cuando leés esto. Y si podés cambiar ante algo tan insignificante como este pequeño texto, imaginate exponencialmente el cambio ante lo cotidiano, solo si hacemos una acción distinta a la vez. Imaginate tu cambio en el tiempo, ante acontecimientos más grandes. Imaginate todo esto combinado. Es poesía, la poesía de nuestras vidas.
17. Probar cosas nuevas. De todo estilo: comidas, sexo, lugares, géneros, sexualidad, hobbies, víncularse, drogas, momentos fuertes, momentos suaves, experiencias. No te pido que lo hagas de ahora en adelante, solamente que lo pruebes. Quizás hay algo, una cosa muy pequeñita que te guste, o no, pero ahora la sabés y podés hacer algo al respecto.
18. Tenés el control de muy pocas cosas, pero tenés el control de ellas: tus acciones y tus pensamientos. En consecuencia, podés cambiar tu presente y tu futuro. Menuda cosa, ¿no? Pero si hay algo que no podés cambiar es las acciones y los pensamientos de los demás, por la fuerza. Lo cual me lleva al siguiente punto.
19. El arte del habla, la conversación, la persuación, la seducción con las palabras es una de las más codiciadas artes que puede haber. Tentadora, fascinante, no me alcanzan los adjetivos para calificarla. Y dejame decirte que es un arte, no un arma, no una herramienta, no magia. Bueno, en realidad, podés usarla como quieras, de hecho hasta pueda ser todas, pero cuando se convierte en un arte, jamás vuelve a ser herramienta. ¿Acaso no es maravilloso eso? ¿Querés usar tus palabras como un arma? ¿O querés elegir pintar escenarios con tus palabras? Elijo el arte, siempre el arte.
20. Movete como quieras, pero hacelo. Y probá lo que te haga mejor. El ejercicio por el ejercicio me da muchísima fiaca. No piso un gimnasio hace años, odio lo repetitivo como una serie de 20 repeticiones con carga de 20 kilos. No. A mí dame una canción para bailar con los ojos cerrados. Dame un paseo para despejarme, correr para olvidar. Dame sexo para disfrutar, yoga para relajar y descontracturar, natación para sentirme completamente viva.
21. Compasión: suavidad, paciencia y perdón (en construcción)
22. La vida es larga, hay tiempo para todo. Si entendés esto, podés hacer lo que quieras, pero hacelo. No te quedes en el mismo lugar creyendo que ya elegiste tu camino.
23. Crear. ¿Sabés lo que es crear algo de la nada? Llena de orgullo el proceso creativo. Creatividad viene de create, de crear. La capacidad de crear cosas, objetos, servicios, poemas, ideas, comidas, trabajo, abundancia, es simplemente maravillosa.
24. Ya hablé del cambio, pero no mencioné lo fuerte que es ver tu cuerpo cambiar. Lo habitás todos los días, percibís el mundo a través de él y un día mirás una foto y te das cuenta que ya no te ves igual. Un día te ves en el espejo y notás dos nuevas estrías. Sonreís y no hay crema contorno de ojos que te salve las arrugas que se te formaron. O sí hay procedimientos que te salvan... ¿pero querés ser salvada? ¿A qué le huís? ¿A qué le tenés miedo? Tu cuerpo es la prueba de que viviste experiencias, soles, tristezas, experiencias, amores (en mi caso yo tengo tatuado a mi gatito Wilco en el tobillo), partos, dolores. ¿Por qué preservarnos como si no hubiera pasado el tiempo, como si no hubiéramos vivido nada? Aceptalo con gratitud y humildad. Soy solo un cuerpo más en millones de millones de cuerpos que han existido
25. Deterioro y aceptación. Ya no puedo tanto como antes, no duro tanto como antes, me duermo temprano. Me olvido. Soy frágil. Particularmente, no aprendí esto a través de mi cuerpo solamente, sino que viendo a mis abuelos envejecer. Tengo el privilegio (sí, el privilegio) de verlos en su hora más frágil y vulnerable. Ya no se trata de si tienen una mente fuerte para bancarse peleas, problemas políticos, muertes, etc. Ahora sus cuerpos se apagan, se caen, se achicharran como pasitas de uva y sus pieles se vuelven cada vez más finas. Tengo la suerte y el privilegio de estar con ellos compartiendo historias, momentos, mates mientras eso pasa. A veces mi abuela no lo quiere aceptar ("¿Cómo es que me caí?") pero no queda otra. Y a mí tampoco, a nadie. Humildemente te digo, es lo que hay. Pero hay sabiduría, muchísima, en el camino.
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