Año Nuevo Chino
Desde aquella vez que quedaron en ir a a la ciudad de Buenos Aires, para festejar el Año Nuevo Chino, Julia no dejó de pensar en el encuentro que tendría con Manuel, ese 15 de febrero. Año del Caballo. Qué iban a hacer, qué se iba a poner, si Manuel la besaría en público, si él tomaría su mano mientras caminaban las empedradas calles de Belgrano eran dudas que, como flechas, cruzaban de lado a lado su mente. ¿Qué iban a hacer? Aún no lo habían definido, pero Julia todavía decía que sí a cualquier cosa que Manuel le propusiera. Ella habría querido hacer algo el día 14, una señal, algo ¿cómo decirle a Manuel que pese a los encuentros esporádicos, el sexo en secreto, las risas amistosas en clase, ella estaba decidida y perdidamente enamorada de su compañero 8 años mayor que ella? El problema era que él, era 8 años mayor que ella. Él estaba en otra, seguro, ella siempre tenía que esforzarse para ser más cool, parecer más grande, para ser vista por él. Ella iba a todos lados caminando para ir con él y Gero y Fer a la salida de francés, charlando, hasta que era inevitable dejarlos ahí, para irse a su casa. Quedarse charlando, caminando, era un despropósito. Tendría que luego volver sola hasta la parada.
"Quizás esta vez le digo" escribió Julia en su cuaderno "¿Cómo decirle a alguien mucho mayor que te gusta, sin parecer una chiquilla tonta?" Era la incógnita que tenía hace 3 años. Incógnita que duró 10 años más.
Manu estaba en Buenos Aires, naturalmente, pensó Julia. Un chico grande como él seguro ya vivía en Buenos Aires, una ciudad grande como él. Julia debería tomarse su micro desde su ciudad, dos horas y casi treinta minutos, un tren y un subte, y estaría allí, en el Barrio Chino. No había acordado nada más con Manu, si estaría con amigos, si estaría ella con amigas. En qué parte del barrio y a qué hora se verían. Nada. Es que no da acordar esas cosas de antemano, no quiero parecer pesada.
Julia se puso divina como siempre, y eso que ella odiaba el verano en la ciudad (Mucho calor, odio transpirar) y se tomó el micro, el tren y el subte hasta Belgrano. Conforme pasaban los minutos, ella se ponía más nerviosa, qué pasaría cuando se vieran, cómo reaccionaría cada uno. Era la primera vez que se veían de día, en otro contexto que no fuera la clase de francés.
"Dónde estás? Estoy casi llegando" escribió ella justo antes de tomar el subte y bajarse en Avenida Juramento. El subte iba cargado hasta esa estación. Hacía calor, transpiraba y estaba lleno de turistas. ¿Qué tan popular era esta festividad? Julia nunca había estado verdaderamente interesada en la cultura china. Solo conocía el horóscopo Chino, por haber leído a Ludovica Squirru en el 2001y por haber visto Mulán, en el 2002.
Al parecer, era demasiado popular para Julia, quién ya estaba aturdida incluso al subir las escaleras hacia del subte hasta la entrada del barrio. Fue recibida por dos dragones que hacían guardia ante dos columnas colosales que formando una entrada de 5 metros con la parte superior forjada y tallada con letras chinas. Le pareció verdaderamente imponente su belleza y quiso quedarse y tomar una foto, pero la marea de gente iba muy rápido y no la dejaban contemplar. Caminó las calles con olor a pescado, caminó entre la multitud de turistas buscando a Manuel. ¿Dónde estás? le escribió por mensaje tres veces pero él no contestó. ¿Dónde estará? se repetía una y otra vez. Entró en negocios de comida apestosa y bazares de objetos inútiles baratos, quizás estas cosas le interesan. Incluso entró en un templo. Allí su mente se calmó, pues no podía seguir a mil, como chusmeando si podía encontrarlo e irse rápido sin contemplar las coloridas imágenes antiguas de dioses, de dragones, de monos y de hermosas mujeres en trajes típicos. Quizás le gustan las chinas. Julia se dio cuenta que no estaba disfrutando, ni siquiera estaba prestando atención a su alrededor. Solamente estaba buscando a Manuel en el Barrio Chino durante el Año Nuevo Chino, qué idea más tonta, se reprendió. Estaba en conversación, una de muy mal humor consigo misma.
Luego de 10 minutos, salió a la calle. Un mar rojo y con ruido a cascabeles agitaba delante de ella: el desfile había comenzado y un dragón de tela, cargado por no menos de treinta personas danzaba alegremente al compás de la música tradicional y majestuosa de flautas, tambores y cascabeles. Todas las personas celebraban la danza. Todos las personas con su mirada en el centro de la calle. Así será más fácil encontrarlo, pero eso nunca ocurrió.
Decepcionada y enojada, Julia dio vueltas en las calles de los costados. 11 de Septiembre y Mendoza, Mendoza y 3 de febrero y ahora estaba en Avenida Juramento, de cara a la plaza. Quizás pueda esperar allí y desde las alturas podría verlo. Así hizo. Esperó treinta minutos, volvió a mandar un mensaje, esperó otros treinta minutos y comenzó a bajar las escaleras del subte. Una combinación y unas paradas más tarde, Julia subía las escaleras hacia 9 de julio y Corrientes. Cuando se dio cuenta de que no iba a ver a Manu, que todo había salido mal, unas pesadas y gordas lágrimas calientes empezaron a rodar por su cara. Se dirigió hacia la parada del micro que la llevaría de regreso a La Plata y sintió más calor que en toda la tarde, aunque ya eran las siete. Lloró de rabia, y de impotencia. Lloró por boluda, lloró por sentirse chiquita. Lloró de vergüenza y a la vez llorar en una ciuidad tan grande le daba libertad para llorar todo lo que quiera. Lloró con ganas. Nadie le preguntó qué le pasaba, era una chica de veinte años ya. Nadie le prguntaría ¿Estás perdida nena, dónde están tus papás? Pero así se sentía: completamente abandonada por alguien con quien nunca había coordinado nada, ningun horario, ninguna esquina, ningún deseo explícito de verlo.
Estaba ya casi llegando a la parada cuando sintió el bolsillo del pantalón vibrar. Era él. Su corazón se paró, era febrero pero toda la transpiración se secó y sintió frío. "¡Petite! ¿Dónde estás? Estoy llegando, disculpá que se me hizo tarde. Me quedé sin batería y no pude avisarte". Julia le respondió "en la parada del 129". "Ya voy para allá" respondió Manu.
Cuando la encontró, media hora más tarde, Manu soltó un "Pero ¿qué pas...?" y quedó boqueabierto. Julia tenía los ojos rojos de rabia y tanto llorar. No quería hablar con él, solo deseaba que su silencio y sus ojos hablen por ella. Manu desconcertado no sabía si hablarle, o callar. El silencio de Manu, hacía que Julia lo odie aún más.
El viaje fue tan incómodo, tan anormal para ambos que solo sabían tratarse con buena onda y sensualidad. Ninguno de los dos jamás se había enojado con el otro y esa situación los encontró en un lugar jamás explorado. Manuel no lograba preguntarle qué le pasaba y Julia no quería explicar que su enojo era producto de la vergüenza por su amor no correspondido. Nunca se había sentido tan avergonzada en su vida como aquella vez. Quizás Manuel no era para ella, quizás él nunca había registrado las señales que Julia le mandaba, solo veía en ella una compañera de francés con la que podía disfrutar de un encuentro sexy, una vez cada tanto. Y eso a Julia le destrozaba el corazón, nunca fue esa su intención con Manuel. Hace tanto lo deseaba, hace tanto lo quería.
Esa tarde algo se partió para siempre dentro de ella. Una ilusión, un corazón. Y así Julia jamás volvió a buscar a Manuel, al menos durante una década. Encerró sus sentimientos hacia él en un caja china. Y luego enterró esa caja. Y esa fue la última vez que lo vió por 3 años.
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