Coming of age
Las primeras semanas, como todas, habían sido incómodas. Nadie recordaba el nombre de nadie, nadie respondía con seguridad a las preguntas que Clement, el profesor de francés 1, hacía.
Julia era el blanco perfecto para hacer comentarios: era la más joven, era la que vivía lejos, pero era la más extrovertida en el salón. Al principio se sintió incómoda con los comentarios sobre el hecho de que ella era menor de edad, pero aprendió a tomárselos con risa.
- Lo que pasa es que te avergüenza que yo sepa más que vos y vos tengas 10 años más que yo - dijo descaradamente a un chico que por ese entonces, para recordar quién era, la apodó "la petite"
- Corrección, petite, soy 8 años más grande que vos. Nada más.
Y en realidad Manu no tenía nada que envidiarle, au contraire, Julia lo envidiaba un poco a él. Alto, flaco, actitud segura, muy inteligente y elocuente, estudiaba en Buenos Aires, hablaba no sé cuántos idiomas, y parecía que todo le daba un poco de risa. "Es muy descarado" pensó Julia una vez con fastidio en la clase de Literatura del último año de la secundaria.
- Mis compañeros re bien, son todos más grandes que yo. Varias señoras con el pendiente de toda la vida. Algunas chicas de veinti algo, varios arriba de veinticinco... y yo.
- ¿Y quién es ese Manuel? - insistió Josefina. El corazón de Julia dio un salto al escuchar su nombre.
- ¿Quién? - dijo distraída Julia.
- Dale, no te hagas la boluda. Vi cómo después del examen de inglés te pusiste a escribir ese nombre en tu cuaderno. Además acá en la escuela no hay ningún Manuel. Es nombre de viejo, já, já - Josefina podía decir verdades incómodas sin ningún problema.
- Ok, tenés razón. Manu es uno de los chicos arriba de veinticinco, y ese es el problema. Me lleva ocho años, soy una pibita que recién ayer le dejaron salir a bailar a La Plata. ¿Y él? El estudia en Buenos Aires. No sé, me re gusta. Es re alto, inteligente y muy descarado. Parece que se ríe de la vida, pero no como los tarados de nuestro curso - Julia y Josefina suspiraron juntas.
- Bueno, vos no estás nada mal para él. También vas a estudiar en Buenos Aires y también sos re inteligente, mirá: vas por tu segundo idioma.
- Sí, pero él va como por el quinto.
- ¿Los nerds como ustedes se comparan esas cosas, no?
Y justo cuando Julia se preparaba para responder esa pregunta, una voz grave y somnolienta habló desde atrás de ellas.
- Pregunta si las dos van a querer comprar.
- No.
- Sí - dijo Julia al mismo tiempo que Josefina.
Era Rodrigo, el amigo de toda la vida de Julia, eterno enamorado de Josefina. Compañero de las dos del colegio.
- Bueno, podés pasarlo a buscar hoy a la tarde por casa Juli.
- Dale - respondió satisfecha y agregó a Josefina por lo bajo: - esto claramente me va a hacer parecer más grande.
Por esos días, Julia ya no era tan niña. Había dejado el equipo de voley por una lesión en la rodilla y se pasaba las tardes con Rodrigo fumando a escondidas por todo el monte y río de Berisso. Siempre que estaban disfrutando, aparecía un conocido de uno de sus padres y tenían que salir corriendo, y luego se metían en el auto de Rodrigo a escuchar reggae y tomar mates allí. La vida a los dieciciete estaba muy bien.
- Juli, te pregunto algo que siempre me dejó con dudas - interrumpió Rodrigo el viaje en la pecera una tarde - ¿Vos sos virgen?
Julia tosió fuerte, y se ahogó con el propio humo del porro. Humo en los pulmones, humo por todos lados. Tosiendo bajó la ventanilla e intentó decir: - ¿por qué me preguntás eso?
- No lo sé. Sos rara, la verdad. Tenés carita de puta pero inteligente así que no lo logro decidir.
- Sí lo soy, pero de todas formas, esto no es de tu incumbencia.
Rodrigo soltó una carcajada y puso más fuerte la música. Julia lo siguió y pronto se olvidaron del asunto.
Pero realmente Julia no pudo olvidarse del asunto. La verdad es que cada vez que veía a Manuel, sentía cosas en distintas partes del cuerpo. Primero, llegando a la clase de francés, sentía escalofríos y transpiración al mismo tiempo: se ponía en estado alerta. Luego cuando efectivamente veía a Manuel, el corazón le daba un vuelco y sentía un nudo en la garganta. Durante toda la hora y media de francés, sentía que transpiraba aún más y que la panza le hacía ruidos extraños. Y cuando por fin Manu le hablaba, sentía que algo adentro de ella latía. Algo adentro y abajo de su pelvis, muy en el centro. Pero lo peor era la sensación de mirar a la puerta y ver que no venía. Lo peor era la sensación de vacío e insuficiente que tenía Julia cuando Manuel no iba a clase. ¿Qué estaría haciendo en su lugar?
Una tarde se quedó sola en su casa y decidió fumar unos cigarrillos y marihuana, solo por diversión. Pensó en Manu, y que quizás él si la viese fumar, se daría cuenta de que era una chica grande. Se dirigió a poner música, reggae, como hacía con Rodrigo y se detuvo. Pensándolo mejor, decidió un poco de jazz francés, música con aires de new wave, percusiones de los años ochenta, saxos. El sol de la tarde entraba por su ventana y sus cortinas rosas, y pensó en las mil y una noches árabes. Se dejó recostar en su cama, cerró los ojos y comenzó a acariciarse. Quizás era el porro, quizás la cantante de new wave francés, quizás la luz rosada, quizás los ojos de Manuel cuando cruzaban miradas en medio de la clase. Pensó en el calor subiéndole hasta las mejillas en esos momentos, y metió su mano derecha en la bombacha. "Manuel es zurdo" recordó y cambió de mano, imaginándose que un chico muchos años más grande que ella la tocaba. Se tocó el clítoris hasta sentir dolor, y calor y finalmente pareció tener un orgasmo, seguido de llanto. "Soy patética" pensó hasta quedar completamente dormida a la hora de la siesta.
Meses después, Julia, Fer y Manu eran amigos, o eso creía Julia. Todas las noches, luego de la clase, se iban caminando por la avenida hasta la parada de micros de cada uno. Para ese entonces, los ojos de Julia no soportaron más las distancias y dejaron de funcionar a lo lejos. Así que comenzó a usar anteojos de pasta negra que le daban un aspecto aún más de nerd. Para contrarrestar el efecto, ella comenzó a fumar más seguido antes y después de la clase de francés.
- Esperen, no puedo alcanzarlos - gritó quedando unos metros atrás, luego de frenar un segundo para encender su cigarrillo.
- Dale Juli que Fer va a perder el micro - respondió alegremente Manu. Manuel, que medía un metro ochenta y cinco, tenía las piernas tan largas, que Julia tenía que hacer dos pasos para poder igualar un paso de él. Y si encima ella quería fumar, era más difícil estar a la par.
- Dale, ¿no pueden ir más lento? - A Julia no podía importarle menos lo que le ocurriera a Fer y a su micro - ¿Qué me decías, Manu, sobre Star Wars?
- ¡Ah! Sí, simplemente maravillosa. Hay que saber apreciarla en el orden correcto.
- ¿Desde la primera en adelante?
- Mais non, petite, desde la cuatro hasta la seis, y de la uno hasta la tres. - Manu sabía de películas viejas, y eso era un gran plus para Julia.
- Ey, Manu, ¿y me dijiste que vos antes usabas anteojos?
- Así es. Usé muchos años, y me cansé de cambiar constantemente de marcos y lentes. Así que la operación fue realmente rápida y sencilla. Al otro día ya podía ver perfecto. ¿No te gustaría hacértela?
Julia lo pensó por un segundo, ¿operarse los ojos? "Alguien debía estar realmente loco, o ciego para dejarse hacer semejante cosa" - No, yo creo que estoy bien. Además, creo que me quedan bien. ¿No me quedan bien los anteojos, Manu?
- Te quedan divinos, te dan ese toque elegante que va muy bien con vos. - dijo Manu arrastrando las palabras. Eran comentarios y respuestas como esas las que dejaban a Julia sin palabras. ¿Y ahora qué? ¿Era broma lo que dijo? ¿Sarcasmo? "¿Me está diciendo que soy ordinaria?"
Lo bueno es que ahora Julia podía mirar al cielo de la noche y distinguir claramente las ramas de los árboles que se habían quedado sin hojas por el invierno, las estrellas, las luces.
Y un día miró hacia arriba, a la salida de francés, como siempre, y vio que a los árboles les había comenzado a salir pequeñas hojitas: era la llegada de la primavera.
- Se acerca mi cumpleaños - comentó alegre.
- Mirá vos, petite. ¿Cuándo?
- El veintiuno de septiembre - respondió con una sonrisa.
- Guau, ella, toda primaveral. Dieciocho... ¿finalmente?
- Así es - La sonrisa era de oreja a oreja.
Pero no llegó ningún mensaje aquel jueves, justo un día después de la clase de francés. Julia miró decepcionada el celular varias veces, solo para descubrir que Josefina y Rodrigo habían planeado una noche de cerveza y porro en el quincho de la casa de Rodrigo.
Lo pasaron tan bien como siempre, escucharon buena música, tomaron mucha cerveza y comieron pizza y helado, jugaron al truco y se rieron toda la noche.
- Chicos, yo me tengo que ir ahora, ahí vino mi novio - dijo Josefina con cara de sueño. Otra noche que los dejaba antes de tiempo: ser novia era su obligación número uno.
Rodrigo fue a acompañar a Josefina hasta la puerta y mientras estaba sola, Julia tuvo bastante tiempo para pensar. Paseando la vista por el quincho de Rodrigo, encontró una araña flaca, de patas largas moviéndose lentamente en su telaraña. ¿Dieciocho y todavía virgen? Manuel no tenía nada que ver con eso, de hecho, tampoco se acordaba del cumpleaños de Julia. Seguro estaría en una fiesta en Buenos Aires, con sus amigos y amigas de la universidad. "Seguro está con alguien más" pensó para autoflagelarse mentalmente.
- Ey, Rodri. Te estaba esperando - comenzó haciéndose la divertida - ¿Qué onda?
- Tengo una fiaca Juli - bostezó mientras se fue a buscar una lata de cerveza en la heladera. Tenía un cigarrillo en la boca que lo hacía parecer muy sexy - ¿Compartimos?
- Bueno, dale. Che, yo me quedé pensando en eso que me dijiste esa tarde.
- ¿Qué cosa? ¿Que el porro no era tan bueno?
- No, no, boludo. Otra cosa. ¿Te acordás lo que me preguntaste en el auto, cuando nos escapamos de los amigos de mi viejo?
Rodrigo se quedó mirando la pared un rato, donde ahora la araña se acercaba hacia un mosquito que había quedado atrapado en su telaraña. Finalmente el insecto mayor comenzó a apuñalar al pequeñito que zumbaba muy agudo pero bajito hasta quedar en silencio. La araña comenzó a comérselo y Rodrigo abrió los ojos un poco.
- Sí, ¿qué pasa con eso?
- Estaba pensando que me cansé de poner mi virginidad en un pedestal. Es una boludés. No es la gran cosa la virgnidad, y siento que no quiero perderme más de algo que debe estar re bueno.
- Es que sí, Juli, coger está buenísimo.
- ¿Ves? No se diga más. Rodri, quiero tener sexo con vos esta noche.
- ¿Qué? Pero por qué...
- Porque sos mi amigo, ¿y con quién más si no es con vos? Prefiero mil veces con mi amigo que con un desconocido. Además hoy es mi cumpleaños.
Rodri se quedó fumando y pensando unos segundos. Las luces ya estaban bajas y de repente comenzó a sonar un tema de Sumo. Julia estaba semi acostada en el futón, con las piernas cruzadas. Rodri la miró y ella lo miró a los ojos y él se fue directo a ella, a comerla entera, como la araña al mosquito.
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