El cumpleaños

Julia había pasado todo el viernes después de la facultad, y el sábado a la mañana pensando en qué ponerse. Qué ponerse, cómo maquillarse, cómo arreglarse el pelo. Ella no lo descubriría hasta dentro de varios años, pero tenía un deseo casi insaciable de gustarle a chicos y a chicas, hombres y mujeres. Algo en su interior le decía que tenía un talento innato para ser misteriosa, inteligente y sexy. Otra voz le susurraba: "con anteojos y tetas grandes, todas pueden ser inteligentes y sexys", pero no se dejó guiar por la segunda: hoy estaba más radiante que nunca.

Encontró un jean tiro alto y ajustado que le marcaba la cintura y las caderas haciéndola parecer un reloj de arena. Tenía un top de lentejuelas con escote en la espalda que le elongaba el cuello y la nuca. Se recogió el pelo y los rulos le colgaban para todos lados, como en los 80s. Se puso unos aros de argollas gruesas, pesados. Se pintó los ojos de negro y los labios de rojo. Decidió ponerse las botas media caña y punta cuadrada vintage de su tía. Le costaba caminar con tacos de ocho centímetros. Se miró en el espejo de cuerpo entero. Parecía diez años mayor. "Misión cumplida", pensó, porque iba a una fiesta de chicos grandes.

Su madre la miró de arriba abajo y con una sonrisa suspiró: - Me hacés acordar a mí cuando tenía tu edad.

Mientras revolvía el estante de su madre y se probaba todos los perfumes, se mandaba mensajes con sus compañeras de francés. 

"¿Vas a ir no?" le mandó a las tres. Dos no respondieron y se empezó a impacientar. ¿Se animaría a ir sola? Meli le mandó un mensaje a las 7 de la tarde:

"No estoy segura, me da un poco de vergüenza ir a una fiesta llena de desconocidos".

"Dale, no seas ortiva Meli, va a estar buenísimo. Además también van Gero y Fer".

"¿Por qué tenés tantas ganas de ir?"

"Estuve todo el cuatrimestre pintando papelitos de colores y haciendo rótulos milimétricos. Necesito un descanso y relajaaaaar".

"Bueno, dale, ya fue. Yo también estuve a full hasta el jueves con parciales".

Así que Julia ya estaba vestida a las 10 de la noche aunque la fiesta era a las 12. Tenía un trayecto larguísimo hasta la casa de Manuel y su papá la llevaría a ella y a Meli antes de irse a apostar.

-¿No te puedo llevar ya? ¿A dónde vas así, hija? Pareces una puerta toda pintada - Dijo él y se rió mientras seguía mirando la televisión.


Dos horas después, Juli y Meli estaban tocando timbre en la casa de Manuel. Llegaron segundas, porque primero estaban los amigos de Manu de toda la vida.

Se encontraron ante una fortaleza que ocupaba la mitad de la cuadra. Era un paredón altísimo sin ningún rastro de ser la casa que buscaban. Pero el número era el correcto. Se oía música venir desde adentro. Tocaron timbre y sonaron campanas. Los ladridos de dos perros grandes empezaron a retumbar. 

Hacía muchísimo frío afuera, era pleno invierno y Meli tenía puesta una pollera muy corta, una campera de cuero y medivachas transparentes.

Abrió la puerta Pablo, ese amigo de Manuel que había conocido Juli en el bar días atrás.

- ¿Y ustedes quiénes son?- dijo Pablo muy serio con un vaso de plástico en la mano. Luego se rió.

- Dale no seas boludo, dejá pasar a les mademoiselles - dijo otra voz arrastrando las últimas dos palabras.

Entonces apareció Manuel, con una sonrisa de oreja a oreja, cara de haber estado tomando hace un rato.

- ¡Eh, Manu! ¡Joyeux anniversaire! - dijo Meli contenta.

- Merci beaucoup, Meli - ¿Y quién esta señorita que te acompaña?

- Dale, no te hagas el boludo - Dijo Juli poniendo los ojos en blanco. - Feliz cumpleaños.

- Juli, ¿sos vos? Guauuu, o mejor te digo Jolie - dijo en voz baja para que nadie los oyera. Jolie significa "linda" y a Julia le empezó a latir más fuerte el corazón, pero no supo qué decir. - Merci por venir desde tan lejos. Pasen, acá tenés un trago, te voy a presentar a los muchachos.

Ella odiaba que Manuel hable como un señor burgués de 1800. Cruzaron los cuatro el camino hasta la casa. Los perros grandes dejaron de ladrar en el instante en que su amo se había asomado a la puerta y ahora trotaban felices junto a él.

Traspasaron la gran puerta de madera y hierro y Julia se quedó sin palabras. En la oscuridad, el patio no dejaba ver que se habían estado adentrando en un castillo. La casa de Manuel era una mansión enorme de un solo piso, y Julia entendió entonces por qué él hablaba como un señor burgués: es que de verdad era un muchacho de clase alta. Las luces en los candelabros eran ténues y las paredes se veían anaranjadas. Todo era antiguo pero bello. Los vitraux de colores en todas las ventanas debería verse hermosos de día, pensó Julia. Los cuadros antiguos mostraban pinturas de hace siglos, había adornos negros tallados con forma de caballos, de caballeros con espadas, tapetes de andáasaberdónde. Esa casa parecía un museo. Julia contemplaba la entrada boqueabierta hasta que se dio cuenta que estaba sola. El resto había avanzado hasta el living donde había varios chicos sentados en un sillón Chesterfield y otros parados con vasos en la mano, charlando a través de la música fuerte. 

- Chicos, ellas son mis compañeritas de francés: Melisa y Julia. 

- Hola - saludaron ellas nerviosas y tomaron un sorbo de Gancia de sus vasos.


Una hora más tarde estaban hablando más animadas y moviéndose al ritmo de la música. Había llegado más gente, llegaron Gero y Fer, sus compañeros de francés y empezaron a hacer comentarios sobre las clases. Estaban un poco incómodos, ya que Meli y Juli no hablaban con ellos generalmente. Manuel pareció notarlo y se acercó cada tanto a hacer bromas con ellos y hacer que el ambiente fuera un poco más agradable. Con cada sorbo, la fiesta parecía más divertida. La música ya no los hacía bailar sino reirse más y más. Había tanto ruido y tantas personas que Julia no podía divisar a Manuel. Comenzó a buscarlo con la mirada hasta que lo encontró en la cocina preparando un trago. Fue a prepararse uno también. Cruzó la habitación pensando que nunca había practicado caminar con esas botas. Era dificilísimo, sentía que sus tobillos no eran muy fuertes y temblaban un poco.

- ¿Lo estás pasando bien, petite?

- Ay, no me digas así. ¿cuántos años cumplís? ¿21, 22?

- 25, petite. y vos ¿cuántos tenés?

- 18 - dijo y se puso colorada.

- Así que sos toda una petite, ¿viste? Ja, ja, no me mires así: es una broma. Dale, ¿qué querés tomar?

- Mmm, lo mismo de recién, Gancia.

- Bueno, ya te lo preparo. Y de paso, te presento a mis amigas de la facultad, Diana y Flor.

Diana y Flor eran hermosas y mucho más grandes que Julia. Diana tenía el pelo liso, largo y rubio. Los ojos delineados de negro y una pollera muy corta con un top de animal print. Flor tenía el pelo negro y largo hasta la cintura, era muy flaca y tenía un mini short y unas combat boots con muchísima onda. Julia se sintió pequeña y exagerada con las botas altas vintage. Así que saludó tímida, tomó de su trago y se volvió con sus compañeros de francés.

Justo cuando comenzaba a sentirse un poco triste por no ser tan linda como las chicas grandes, se apagaron las luces, la música bajó y Diana y Flor aparecieron una torta con bengala. Todos cantaron el feliz cumpleaños, aplaudieron y Manuel dio un discurso un poco ridículo y cursi.

- Gracias a todos y a todas por venir. Sobre todo, gracias a mis amigos de la facultad de Buenos Aireas por venir desde tan lejos. A Gero y Fer por venir directo desde Colombia, Meli desde Santa Cruz y Juli desde la otra punta de La Plata. Espero que lo estén pasando espectacular. El que quiera torta, acérquese que le convidamos.


Una hora más tarde Meli no paraba de reirse y hacer chistes con Fer, Gero trataba de acercarse a Julia y hablarle en francés pero ella no quería saber nada. Dijo que se estaba haciendo pis y que tenía que ir al baño y se disculpó. Era verdad, ya había tomado un montón de Gancia. Preguntó a unas amigos de Manuel, que estaban cerca, dónde estaba el baño y le señalaron un pequeño pasillo y a la derecha.

Un poco caminando en zig zag, Julia llegó hasta la puerta del baño. Tocó y parecía que estaba ocupado. Esperó parada y sintió que la cabeza le empezaba a dar vueltas. Por fin alguien salió, ella le sonrió y se metió en el baño.

Cuando se sentó a hacer pis, miró hacia adelante y se dio cuenta que estaba en pedo. 

"¿Y ahora cómo me levanto?" pensó mientras hacía pis. "¿Qué va a pensar Manu? Pff, no se va a dar cuenta de nada, debe estar con sus amigas hermosas. Seguro se esta comiendo a la rubia, está buenísima".

Tiró la cadena de ese baño antiguo y hermoso, de mosaicos blancos y negros y se acercó al espejo para lavarse las manos. Se miró y dijo en voz alta: - Nada mal, ¿eh? - Se retocó el labial rojo y se guiñó a sí misma y tiró un beso al espejo. Se quedó pensando un segundo y se acercó al espejo y le dejó un beso en un costado. Jamás se acordaría de eso.

Se miró una vez más y escuchó una canción de Vilma Palma a lo lejos, la del auto rojo a las 6. "Me encanta esa canción" pensó y abrió la puerta. Estaba Manuel en el pasillo oscuro. 

- Ey, ¿qué hacés, petite jolie? ¿Cómo estás?

- Súper, me encanta esta canción. ¿Vos cómo lo estás pasando?

- Excelente, creo que hasta ahora es mi mejor cumpleaños. A mí también me encanta Vilma Palma, me hace acordar al verano. ¿Querés un chicle?

- Mmm, bueno, dale.

Manuel buscó en su bolsillo y encontró uno y se lo dio a ella.

Sin pensarlo demasiado, Julia dijo - ¿querés compartirlo? - y mordió la mitad y la otra mitad quedó afuera de su boca.

- Por supuesto, gracias, petite.

Manuel se acercó hasta ella, quiso morder la mitad del chicle y le comió la boca a Julia mientras la agarraba de la cintura. Ella le pasó las manos al rededor del cuello y empezó a besarlo con muchas ganas, todas las ganas que venía aguantando desde aquella vez que lo vio por primera vez un año y medio atrás, en el primer día del primer año de francés, cuando ella tenía apenas 17 años.

Estaban tan ebrios cuando llegaron al cuarto de Manuel, que no se dieron cuenta que estaban dejando a todos solos en medio de la fiesta, a Meli, a Gero,  a Fer, y todos los amigos de Manuel y solo habían pasado unas tres horas. Estaba todo oscuro, Manuel nunca prendió la luz y Julia no sabía dónde estaba la cama, la mesa de luz, nada. Caminaba a tientas, con miedo de toparse con algo. La habitación era fría y parecía ser muy grande. Era como estar ciega, caliente y borracha a punto de cumplir la mayor de sus fantasías.

Empezaron a besarse frenéticamente y a toquetearse y abrazarse y agarrarse con fuerza hasta que Manuel la guió hasta su cama. El piso era de madera flotante y hacía ruido. Manuel puso sus manos en las tetas de Julia y las acarició. Julia buscó el pija de Manuel y encontró que estaba durísima. ¿Qué sabía ella? No había estado con tantos chicos todavía, pero le pareció grande y dura. Se la acarició y empezó a desabrocharle el pantalón.

Manuel la ayudó y ella siguió por su camisa blanca y suave. Ella se avalanzó sobre su cuello. Manuel gimió y luego le levantó el top. Comenzó a darle besos en las tetas.


Ella no recordó mucho más de la situación. Solo tenía flashbacks de estar arriba de él, disfrutando como nunca, con todo su miembro adentro. Flashbacks de nuevo de estar en cuatro y Manuel diciendo "estás buenísima Petite, mirá cómo te movés". Juli hizo todo para complacer a Manuel.


Julia abrió los ojos, y estaba acostada junto a él, acariciándole el pecho, que parecía no tener ni un pelo. Cosa de nadadores. Se habían dormido de lo borrachos que estaban y se despertaron unas horas después. Aún era de noche.

- Petite, ¿qué hora es? Uff, son las 6 de la mañana. Ya no hay más ruido. Dejame asomarme a ver qué pasó.

Julia se quedó inmóvil, esperando que vuelva Manuel. A los cinco minutos volvió y habló en voz baja.

- Ya no hay nadie, no sé a qué hora se habrán ido. ¿Te parece si te llamo un remís así podés volver a tu casa?

Julia creyó que se iba a quedar a dormir - Ehhh... dale - Dijo. No tenía otra alternativa, parecía.

Se cambió en silencio mientras Manuel pedía el remís por teléfono. Ella se subía el cierre de las botas y lo escuchó decir:

- Avisame por favor cuando llegues, que tenés un camino largo. Acá tenés plata.

- No, gracias, Manu. Yo puedo sola.

- ¿Estás segura, petite?

- Sí, gracias. Buenas noches -  Y se despidieron con un beso en el cachete.

Y se fue Julia en un taxi a las 6 y media de la mañana un Domingo de invierno. Tenía frío, le dolía la cabeza, tenía algo de miedo también, pero había pasado lo más maravilloso del mundo. Se había besado, se había acostado con el chico que tanto deseaba, un chico 8 años más grande, el chico de francés: Manu.




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