El festival disidente

Dale abrime, petite, estoy abajo 

Julia bajó, se arregló la pollera y la peluca y se encontró con Manuel. Él no podía creer lo que veía. Juli esa noche tenía el pelo violeta y los ojos llenos de brillos. Parecía una estrella fugaz. Manu pidió un deseo en broma, tenerla así de fresca y joven para siempre. Pero tenerla así implicaba no tenerla nunca. Estaba a punto de cambiar el deseo cuando ella finalmente abrió la puerta. Estaba algo borracha.

- ¡Ey, viniste, Manu! - lo abrazó y le dio un beso en el cachete.

- Sí, petite, veo por acá que la fiesta ya empezó. ¿Cómo lo estás pasando?

- Increíble, vení pasá, que estamos en el depto de Mile.

Subieron por el ascensor y se notaba que Manu estaba algo nervioso, detrás de su fachada de caballero noble y seguro de sí mismo.

Apenas entraron en el departamento de Mile, vieron dos chicas besándose sin remera. Se estaban acariciando delante de todos. El novio de Mile, Marcelo, se besaba con otra chica en un sillón, y Mile estaba bailando con Alejandrina y otras personas más.

- Ale, te quiero presentar a Manu. Manu, ella es mi amiga y mi vecina Ale.

Manuel tomó la mano de Alejandrina y la besó delicadamente - Encantado, Ale.

Alejandrina soltó una carcajada - ¿Este es el chico del que me hablaste, Juli?

- Exactamente, nos conocimos hace años, en francés. Vení, te voy a convidar un vinito.

Nadie en esa fiesta se parecía a nadie. Eran todos diferentes entre sí, raros entre sí. Había travestis, lesbianas, gays, chicas en tetas, chiques besándose en tríos. Pero quien más sobresalía era Manu, porque el lo más normal del mundo. Tenía simplemente una remera negra, cara de buen pibe, un jean azul oscuro apretado y zapatillas. No tenía tatuajes, no tenía aritos, tenía el pelo como siempre lo había tenido. No tenía barba.

Juli sintió algo de vergüenza ajena. Ella tenía aritos, tatuajes, una peluca violeta y una pollera muy muy corta con medias de red debajo.

Tomaron del vino que llevó Manu y intentaron bailar un rato, pero la música era muy distinta a la que les gustaba a ellos, era muy moderna. Manu parecía un robot y Juli una estatua. Tenía vergüenza, no sabía que hacer, así que salió al balcón a tomar aire. Manu la siguió.


Estaba fresco, corría la brisa de finales de diciembre. Manu volvió a ponerse la campera. Apoyó los antebrazos en la baranda del balcón. Juli sintió miedo, le daban miedo las alturas. Manu lo notó, sonrió y se sentó en el piso. Ella lo siguió y se pusieron a conversar y mirar la luna. 

Su amiga, Alejandrina se acercó a hablar con ellos y no dejó de reírse de las respuestas de Manuel. "¿Qué es lo que no entendía Ale?" pensó Juli mientras se iba poniendo cada vez más nerviosa. No quería quedar mal delante de su nueva amiga, pero a veces le parecía que tenía que ser diferente para encajar con ella. Sin embargo, valía la pena intentarlo. Ale era muy hermosa y muy cool.

Cuando ya no pudo forzar más respuestas largas, diplomáticas, formales y pomposas de Manu, Ale fue a bailar con un chico trans que parecía muy animado. 

Se quedaron en silencio, con la música de fondo retumbándo en los vidrios de la puerta del balcón y en los oídos de los dos.

Juli miró a los ojos a Manu. Los ojos le brillaban con el reflejo de la luna. 

-Estás hermosa así, petite.

Julia se acercó y lo besó lenta y suavemente. O eso creyó ella. Él le correspondió el beso y al cabo de unos segundos, la abrazó, mientras ella ponía el costado de su rostro en su pecho y sentía su corazón latir. Miró fijo por unos segundos la luna y luego abajo hacia la calle llena de luces. Recordó que estaban en el piso nueve y se le revolvió el estómago. 

De repente sintió que ya no quería estar en la fiesta. Quería estar con Manu, completamente a solas. Se frotó como un gatito mimoso contra su pecho y sintió los largos dedos de Manu intentando acariciar la peluca de pelo sintético. Sus dedos se trababan. Juli se despegó de su pecho y volvió a besarlo. Él la abrazó por la cintura y le hizo caricias en la espalda y los hombros.

- ¿Nos vamos a mi departamento? - dijo Juli como despertando de un sueño, con la música rancia en la distancia.

- Estuve esperando que lo dijeras desde que llegué, petite.

Bajaron lentamente por el ascensor antiguo. Manu comentó:

- Divinas tus amigas, ¿eh? - La chica esa, Ale, muy simpática.

- No son todas mis amigas, solo Ale.

En cuanto Juli abrió la puerta, Zafiro los recibió con un maullido largo, como un reproche.

- Ey, mi amigo. ¿Cómo estás, Za? - Comentó Manu mientras le acariciaba la cabeza. Empezó a sacarse la campera, y Juli lo ayudó lentamente. Era una escena rara, a veces parecían una pareja de viejitos Pero Manu estaba muy erguido, como un caballero orgulloso, como siempre. Ahora Juli tenía el pelo violeta, una pollera de colegiala muy corta, medias de red y un cigarrillo en la boca. Colgó la campera en la silla y luego buscó una música que vaya con el momento.

- ¿Te gusta Eurythmics? - Quiso saber Juli, mientras empezaban a sonar los sintetizadores de Love is a stranger.

- Obvio, ya me conocés. Marcha travesti, ¿no? Es la primera vez que escucho de algo así. No te tenía así Juli, disidente.

- Pasaron muchas cosas en el último tiempo, Manu. 

- ¿Querés contarme? - dijo y se dejó caer en el pequeño sillón.

Pero Juli no sabía cómo contarle todo lo que había pasado. La soledad de la pandemia, la ansiedad, las crisis, el alcohol, las pastillas. Marco. Todo, todo. Manu la juzgaría por niña inmadura. Él siempre correcto, todo un señor, 8 años mayor que ella. Tantos años habían pasado y todavía no podía contarle toda la oscuridad que le pesaba. Quizás habían empezado mal. (Agregar al 2015 o 2018) Quizás ella se había mostrado siempre superficial porque Manu era grande y boludo cuando ella lo conoció. Ella siempre romántica y soñadora pero Manu no podía, no sabía cómo, no creía que una chica que necesitaba tanto vivir se fijaría en él.) Ella se había endurecido con Manu desde aquel año nuevo chino, cinco años atrás y desde entonces era implacable. (2015 o 2018: Nunca más intentó darle lo que quiso darle aquella vez, toda su vulnerabilidad, toda esa confesión de amor: que ella estaba hace años lista para ser suya. ) Juli ya no quería contarle más nada, Manu no lo merecía, ella ya había sentenciado que si el no había querido aquella vez, es porque no quería más que unos besos y sexo con ella. Y Juli se había calentado un poco en el balcón de la vecina del noveno. Ssacudió la cabeza y sacudió esas ideas. 

- ¿Qué eran esos mimos que me estabas haciendo en el balcón? Me gustaron mucho - dijo mientras dejaba el cigarrillo en el cenicero y, pareciéndose a Zafiro, se dirigió lentamente hasta Manu, se sentó sobre su pierna izquierda y le pasó su mano derecha por el cuello, mientras se acercaba a su boca.

- Son los que te merecés por ser tan linda y haberme invitado - comenzó a decir Manu, arrastrándo las palabras, pero ya estaban entrelazándose las lenguas, los brazos y las piernas.

Juli se sentó encima de Manu, pasándole una pierna a cada lado. Estaba uno en frente del otro. Le agarraba la cara flacucha con una mano, le apretaba la boca y los labios, y le pasaba los dedos de su otra mano por el pelo. Manu la miraba fijo, se dejaba seducir, y eso lo hacía más sexy. Ella era teatral, sabía que lo tenía en su red, como si ella fuera una araña, una gata en celo, una serpiente enrollando a su presa. Lo besó con más fuerza y ella sintió debajo de su bombacha lo caliente que estaba Manu.

Él le agarró las piernas para que no se caiga y se levantó. Juli pegó un grito y se agarró del cuello de Manu para no caerse.

- ¿¿¿Qué hacés, boludo???

- Vamos a tu pieza, no puedo soportar ver a Zafiro mirándome fijo.



La habitación de Juli tenía esas luces de neón rosa que fascinaron a Manu. Se tomaron todo su tiempo y tuvieron sexo durante horas. Ella sabía lo que le gustaba a él y él descubría lo que a ella le gustaba. No podía terminar de descifrarlo todo sobre Juli, ella todavía se estaba abriendo como una flor. "Una flor de muchos colores" pensó Manu.


A la mañana siguiente, Juli abrió los ojos y sintió que Manu la estaba abrazando. Estaban de costado, cuchareando. Se tocó el pelo y se dio cuenta que ya no tenía la peluca puesta. "Debo tener un gato en la cabeza" pensó cuando se palpó todo el pelo enredado sobre sí mismo. Al moverse parece que despertó a Manu, o quizás ya estaba despierto desde antes, pero comenzó a acariciarle el brazo derecho lentamente. Luego a recorrer su cadera derecha. Lo escuchó bostezar, resoplar y decir:

- Bonjour petite. Ca va?

- Hola, Manu. - El hechizo se había roto, ya no era de noche, ya no iba a haber sexo de mañana. Él no era Marco. Era Manuel, y con él el romance no existía. 

Juli se dio vuelta y encontró los ojos miel de Manu mirándola perezosamente. Él le sonrió y ella le devolvió una sonrisa incómoda. Para arreglar la incomodidad, ella comenzó a acariciarle el pecho sin pelos, los hombros y brazos de nadador y notó las mil pecas y lunares que tenía. "¿De dónde habían salido todos esos lunares?" Se preguntó y frunció el ceño.

- ¿Qué pasa, petite?

- Nada, no sabía que tenías tantos lunares. - dijo mientras los recorría con sus dedos. - ¿Cuántos son? - se había dado cuenta de que dijo una tontería muy cursi.

- No lo sé, ¿querés contarlos? 

- No, no podría. Son infinitos.

- Acabo de darme cuenta que es la primera mañana que pasamos juntos ¿no?

Sintiendo el comentario aún más cursi, lo frenó y le dijo cortante:

- Así es. Manu ¿qué vas a desayunar?

- ¿Puedo desayunarte a vos? - Dijo él, comenzándo a buscarla con sus brazos hasta tenerla de frente y abrazarla de nuevo. Pero ella se soltó.

- En serio, boludo. ¿Qué vas a tomar?

- Mmm no sé, ¿mates?


Juli fue en remera y bombacha y descalza hasta la cocina. Luciano ya no vivía más con ella y ella tenía total libertad de andar como quisiera los sábados a la mañana en su departamento. Zafiro la saludó con un maullido. Estaba acostado sobre la campera de Manu, en la silla. Juli fue hasta la cocina y primero le sirvió la comida a Zafiro. Luego puso la pava eléctrica y el pan en la tostadora. El sol entraba por la ventana muy alegremente. Los rayos en su cara no la dejaban ver. Cerró los ojos y oyó desde la calle un saxo. Era el chico de los sábados, que siempre iba a la esquina de donde ella vivía a tocar para que los peatones que hacían sus compras matutinas le dejaran unos billetes. Era una hermosa melodía. Escuchó unos talones contra el mosaico y puso los ojos en blanco por un instante. Manu se asomó por la puerta de la cocina.

- ¿Te ayudo? 

- Eeeh, sí. Tomá llevá el queso y la mermelada a la mesa que yo llevo las tostadas y el agua. Acá está el mate y la yerba.

Ya era de día. El hechizo realmente ya estaba roto y Juli volvió a pensar en Marco. Hacía dos meses que no hablaban y no sabían nada del otro. ¿Le habría contado alguien que ella estaba un poco más tranquila? Se puso triste, lo extrañaba. No entendía por qué Manu ahora quería ser cariñoso con ella, ella no necesitaba cariño, necesitaba anestesiar su dolor. Desayunaron casi en silencio, excepto por los maullidos de Zafiro y los comentarios de Manu hacia él. 

- Bueno, petite, lo pasé excelente. Gracias por todo, por vos, la música, la fiesta, los mimos en la cama y el desayuno. ¿Cuándo voy a volver a verte, a verlos?

- No lo sé, Manu. Ehhh, cuando pinte, ¿no? Cuanto tengas ganas de pasar un buen rato - Manu frunció el ceño y miró confundido.


Se vistieron en silencio, el intentó abrazarla y besarla y ella solo lo abrazó. Bajaron el ascensor en silencio y ella pareció alegrarse cuando llegaron a la planta baja. Manu le quiso dar un beso y ella corrió la cara. Le dio un beso en la mejilla.

- Qué termines bien tu año, Manu. Nos vemos.

- Nos vemos pronto, petite.

Y juli se alegró de cerrar la puerta y subir a su departamento a disfrutar del sábado. Tenía mucho de ella e que pensar, se acercaba el fin de año y la época de resoluciones.







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