La coartada
Julia estaba demacrada pero le ponía onda. No tenía idea en lo que se había metido. No tenía idea de lo cerca que había estado de la muerte. Pero algo en sus ojos ardía con fuerza: unas ganas de probarle al mundo que no iban a poder contra ella. Estaba saliendo de un pozo, con las uñas manchadas de tierra.
Después de algunos años de no verse, eligieron encontrarse en un bar. Manu y Juli se conocieron cursando francés a la noche, y todos sus encuentros, excepto uno que salió desastrozo, habían sido de noche: había que mantener la buena racha.
Manu había estado en China un año, Juli, tras dos amores fallidos y sus estudios en declive, casi había muerto de anorexia y depresión.
- ¡Ey Manu, tanto tiempo! - alzó la voz entre la multitud en la esquina donde acordaron verse.
Para Julia, Manu estaba exactamente igual, solo que con algunas arrugas en los ojos. - Mirá, los ojos más chinos, já, já - bromeó.
Juli estaba al menos 15 kilos más delgada y con un flequillo rollinga que la hacía más sexy y peligrosa que nunca. "Cuidado, caballero" pensó Manu. - Uh, la, la, petite - comenzó a arrastrar las palabras en francés -- ¿Cómo has estado? Me encanta tu nuevo corte de pelo.
- Gracias, vos siempre igual, ¿eh? ¿Cómo te trató China?
- Ahora te cuento. ¿A dónde vamos?
Primero caminaron sin rumbo, y luego decidieron ir a La Mulata, un bar que quedaba atrás de la Catedral.
- Excelentemente, pude perfeccionar mi Chino, que cuando llegué era intermedio básico, y ahora es intermedio no tan básico. ¿Sabías que se tarda una vida en aprender chino? - Julia abrió los ojos "qué paja, el chino" - Las personas amorosas, curiosas, les encanta que les hables de Argentina, del Diego, de Messi, del tango. Mirá, te digo: bailan más tango allá que acá. Me quisieron sacar a bailar pero soy más duro.
- Já, já. Hablando de bailar... empecé a tomar clases de baile. Hace unos meses.
- Guau, siempre vos tan artística. ¿Me vas a deleitar con tus movimientos? - Juli pensó que viniendo de otra persona, ese comentario habría sonado grasa, pero de Manu, que era un chico burgués, solo quedaba un poco tonto, pero un poco sexy también.
- No sé, si te portás bien, quizás lo haga.
- Así me gusta, petite. Dejame invitarte un trago, ¿qué tomás?
Y así charlaron por horas, de China, del baile, de ellos, de francés, del paso del tiempo. Con cada sorbo, se soltaban más, el le tocaba la mano a ella, ella lo acariciaba con su pie por debajo de la mesa. Se miraban a los ojos fijo y seguían los pasos de baile que ellos habían diseñado juntos, años atrás. Una vez más, después de todo este tiempo, la coreografía era perfecta: el encuentro casual, las copas, la conversación, la sonrisa, una ceja que se levanta, el arrastre de las palabras, Julia va al baño, vuelve con su carterita en el hombro, se sienta y antes de hacerlo acaricia con su mano el hombro derecho de Manu. Él se estremece. Sabía de memoria cuál iba a ser el siguiente paso:
- ¿Hacés algo ahora, petite?
- Mmm, no, nada. ¿por?
- ¿Querés venir a mi casa?
Quince minutos después, Manu estaba comprando preservativos en el kiosco y Juli lo estaba esperando. Era pleno invierno.
Juli sintió su celular vibrar en su cartera. Era Elías, el chico raro de la clase de baile. Cinco llamadas perdidas, debía ser algo importante.
"Ey, Juli, ¿dónde estás? Toca una banda en un rato en el Rey Lagarto, ¿querés ir? Estoy a unas cuadras de allá.
"Dale, ahí voy, esperame en la puerta" - llegó Julia a escribir rapidísimo, justo antes de que Manuel se diera vuelta.
- Manu, no sabés lo que pasó. Me escribió Sheila. Está hecha pedazos, se peleó con Charly. Está en el Rey Lagarto, me dijo que la encuentre ahí. - Era la coartada perfecta, Manu conocía a Sheila.
- Uy, no te la puedo creer. Una amiga con el corazón partido es de lo peor que hay en el mundo, petite. Te acompaño - A Julia le dio un vuelco el corazón.
- No, dejá bolu, no te hagas problema. Es acá nomás.
- Ya lo sé, petite, pero mirá si te pasa algo a esta hora. Dejame acompañarte hasta la puerta nomás.
Y así caminaron unas 10 cuadras. Manu quería tomar a Juli de la mano y ella buscaba excusas para soltarse. ¿Qué hacía Manu, si nunca habían caminado así? "Debe estar borracho".
Llegaron hasta en frente del bar, había una larga cola de personas esperando para entrar. Sonaba rock muy fuerte. Julia divisó a Elías apoyado contra la pared. No era difícil encontrarlo, tenía la mitad del pelo rosa y la otra mitad celeste.
- Aquí me despido, petite - Dijo Manuel y se acercó y le robó un beso. Fue un rico beso, él le pasó sus brazos al rededor de su ahora pequeñita cintura y ella no pudo evitar abrazarlo por el cuello. Parecía un beso de película."Qué vergüenza, ¿qué va a pensar Elías?" - Avisame que llegás bien.
Julia cruzó la calle y vio a Manuel alejarse. Por un segundo sintió culpa, pero al levantar la mirada se encontró con Elías mirándola entre divertido y extrañado. Se olvidó por completo de Manuel esa noche y por los próximos dos años y medio.
-Hola, ¿quién era él? - dijo Elías sonriendo. Tenía los ojos delineados de negro, lo cual resaltaba sus mirada turquesa. Tenía las uñas pintadas de negro también, lo cual lo hacía aún más rancio, más andrógino, más sexy. Tenía un aire a Johnny Rotten, de los Sex Pistols, y a David Bowie.
- Nadie, era un amigo de toda la vida. ¿Che, tenés un cigarrillo?
Entraron en el bar y el rock de los 60 y los 70 retumbó en sus oídos,
- Voy por unas cervezas - Gritó Elías y Julia se quedó sola, bailando entre la multitud.
"Para vos, Manu, no soy para siempre" - pensó al compás de The Doors. Siguió bailando sola, con los ojos cerrados hasta sentir algo frío contra su brazo. Era la botella de cerveza que Elías tenía para ella.
- Mirá que bien te movés.
- Já, já, las clases de baile. Vos tambien, ¿eh?
Y bailaron, y tomaron cerveza, y fumaron cigarrillos. En el Rey Lagarto sonaban las canciones que la hacían sentir más viva que nunca, fluían desde sus tímpanos hasta su corazón, pasando por sus venas y su pelvis. Imaginaba cosas, colores, recuerdos que nunca ocurrieron. Julia estaba en pleno trance y Elías la inducía a él. Sintió su dedos entrelazarse y el le hizo dar una vuelta. Ella se reía, estaba borracha y algo mareada. El tiempo se suspendió y la música no se oía bien. Elías se acercó para decirle algo y ella no lo escuchó bien.
- ¿Qué? - gritó ella.
Y el la besó. Ella correspondió inmediatamente. Sintió su aliento cálido, con olor a cerveza y cigarrillo y fue muy sexy. Julia comenzó a introducir su lengua de a poco en la boca de Elías y el también correspondió inmediatamente. Bailaron y se besaron y cantaron todas las canciones como si fueran himnos. Himnos al rock, a la juventud, a la libertad y a la locura.
A Elías se le había corrido el delineado de los ojos y parecía que había llorado color negro. La miró fijo mientras ella volvía a la realidad. Sonreía con la mirada. Ella lo miró también y sintió ganas de llorar.
Por los próximos dos años, se volvieron inseparables.
Elías no podía vivir sin Julia. Julia no podía vivir sin Elías. Fueron ellos y su locura contra el mundo.
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