Carta a mis estrías
En caso de emergencia...
Rompa el vidrio y retire el martillo con cuidado.
Rompa la puerta y salga corriendo. No mire hacia atrás.
O tome el teléfono y llame a un amigo.
O ahogue sus penas en un vaso de vino.
O léase esta carta:
Querida yo:
Gracias por comunicarme cómo te sentís. Es válido y real por varios motivos. Tu cuerpo ha cambiado, sí, porque sobreviviste a una de las luchas más horribles y silenciosas que una pueda batallar. Tu espíritu contra tu mente y tu cuerpo.
Tu cuerpo físico contra tu mente.
Tu mente contra las ideas y discursos instaurados en vos, en tu familia, tus amigos, tus ex parejas, la escuela, el club, los medios, el país. La cultura y el mundo. No estás loca.
No estás loca: el mundo te ha exigido que seas flaca para encajar. Te hiciste mucho daño para lograrlo durante mucho tiempo y hace cinco años elegiste diferente. Es el acto de amor propio y valentía más grande y rebelde que hayas visto. Pero vos nunca quisiste jugar chiquito y conformar a nadie. Siempre fuiste y serás fiel a vos. Con tu cuerpo valiente y tu mente fuerte te toca verte en el espejo sabiendo que sos disruptiva, que estás cambiando por fuera y por dentro. Y eso está bien.
Tiraste esa ropa, la cortaste, compraste otra nueva, abrazaste ser real. Ser real es tu posicionamiento político, y tu poder. Real y libre y en constante transformación. Sí, fuiste bulímica y anoréxica, sí, luchas contra la ansiedad y los pensamientos intrusivos, sí, viviste abusos y violencia que muy pocas vivieron, pero le ganaste a todo eso. ¿No estás orgullosa, acaso? Aquello es el pasado, pero hoy en día sos muchísimas otras cosas, porque las elegiste vos: sos sabia, inteligente, ambiciosa. Sos compasiva y agradecida. Sos dulce y suave. Escuchás, motivás y empoderás a los demás a que sean ellos mismos también. Sos valiente y das valor. Levantate y con miedo y autenticidad hacelo igual, porque no naciste para ser la empleada flaca, linda y conformadora de nadie.
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