El fuego de Sol
Sol se teñía de rojo furioso
para hacerle honor a su nombre.
Tenía un aire fogoso,
y sus llamas bailaban desde adentro.
Tenía ojos de toro furioso;
su perfume era como el humo
de las hojas secas del bosque
cenizas que crujían desde adentro.
Sol pisaba y el suelo quebraba
era como un terremoto
pasó e hizo estragos.
No puedo olvidarla.
Tenía labios rojos, brillantes, carnosos
labios de gitana
nunca más la volví a ver
creo que vive en Granada.
Sol ardía y sus palabras
con ella te ardían también.
Lágrimas de cocodrilo,
silencios que te dejan frío,
y un adiós con gusto a "quizás mañana".
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