La agenda de Julia

Julia tenía una agenda explotada

libros, eventos, trabajo,

estudio, cursos, reuniones,

todo para llenar el vacío que quedaba

luego de darse cuenta, una vez más, 

que no se iba a saciar con comida,

que nunca sería plenamente amada,

que ni ella podía hacerlo,

que no podía vivir en una postal eterna,

de felicidad plena.


Ya había intentado todo:

citas, sexo, drogas

comprar botas, comprar pasajes,

comida adentro, comida afuera,

vino, cerveza, vino, cerveza,

más drogas, sueños de LSD.


Ahora, al menos, se llenaba con cosas más sanas

¿podía realmente saciarse con algo?

¿De dónde había salido ese hambre voraz?


Julia tenía la agenda explotada,

aunque se moría de ganas porque Manuel la invitara,

pero no lo iba a hacer.


Al menos, con la agenda explotada

no pensaría tanto en Manuel.

Sin embargo, siempre había lugar

en la mente de Julia


Como un recipiente eterno,

contenía el universo enterno

siempre en expansión.

La agenda explotada, la mente colapsada

siempre podía un poco más.


¿Hasta cuando, Julia?

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