Soliloquio de una empleada de su llanto

 De todas las connotaciones que tiene balance, eligiré la positiva. Y de todos los significados que tiene dicha palabra, eligiré el segundo. Mi vida de mariposa no es toda de color de rosas. Cuando quiero, eh, cuanto quiero, eh, pero con responsabilidad de niña grande. Es que no nací para ser empleada, ni domesticada, pero soy la estratega y arquitecta igual. Como ya les había dicho: mi vida no es toda de color de rosas. Había que trabajar, viste. Últimamente simplifiqué mi vida en tres categorías: sentir, pensar y hacer. A quien me esté leyendo esto, sepa que no logré el balance de hacer un treinta, un treinta y un treinta, y el resto dormir. No, no, no. El balance lo encuentro cuando pongo en una balanza de tres platillos estas tres categorías y me pongo a jugar. Quizás no era estratega, quizás era solo una niña. No, no, quizás era mi propia mamá. Quién sabe. Hoy hice mucho pero ni siquiera trabajé. Hoy pensé mucho, y también estudié. Estoy cansada, jefa, y además me tocó sentir después de tanto hacer. ¡Estoy exhausta! 

Pero a fin de cuentas, ¿sabe qué, querido lector? No está tan mal, elijo cuando, elijo cuánto, y asumo las consecuencias. Porque no es un "es lo que hay que hacer", ni tampoco "hay que seguir", sino que si hay que parar para sentir y hacer poesía con tanto llanto lo hago. ¿Quién dijo que la vida del poeta era igual a la de un empleado? ¡Seré empleada de mi llanto entonces, carajo!

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